Nuevas formas de prostituir a las mujeres con un fin “social”.

Nuevas formas de prostituir a las mujeres con un fin “social”.

Nuevas formas de prostituir a las mujeres con un fin “social”

A nivel internacional, la violencia de género es toda aquella violencia contra la mujer por el hecho de ser mujer (ONU, 1996). Es decir, que incluye múltiples formas de violencias como aquella que se produce en la pareja, la mutilación genital femenina, los matrimonios forzosos o la prostitución. Estas violencias se construyen sobre la base del patriarcado, es decir de siglos de “civilización” en la que la mujer existe únicamente por y para el hombre (Cobo, R., 2011).

Esta forma de entender a las mujeres ya no es tan explícita en nuestra sociedad, pero sí implícita en variedad de creencias erróneas, naturalizadas donde esa forma de entender lo que es un hombre y una mujer está en la base, como por ejemplo, que la prostitución satisface una necesidad biológica/natural del hombre. Porque las mujeres no la tenemos… Sin embargo, al hombre se le educa en que convertirse en un ser sexual es lo normal, lo esperable (puesto que es biológico) y confirma su masculinidad mientras que, a las mujeres, se les educa en eliminar su sexualidad, dado que si se convierten en seres sexuales serán rechazadas, mal vistas por la sociedad. Estas creencias naturalizan y normalizan que haya mujeres prostituidas (por ese “impulso biológico del hombre) y por supuesto rechazadas, dando vía libre al proxenetismo. Ahora bien, en estos momentos “se lo tienen que currar” puesto que, no todo vale, la trata de mujeres con fines de explotación sexual ya no está tan bien vista y está perseguida.

Una de las formas que tienen los proxenetas de silenciar esta realidad de la prostitución es la incorporación del nuevo concepto de “trabajadores del sexo” o “trabajadores sexuales” al mercado laboral. De esta forma la prostitución pasa a ser un trabajo más del que se pueden lucrar legalmente y, además, invisibiliza la desigualdad de género al referirse a ambos sexos en el concepto.  Y si le añades que tiene un fin social, se invisibiliza todavía más que se prostituye a personas. Nos referimos a la figura de la “asistente sexual” como figura “terapéutica” para personas con discapacidad o disfunciones sexuales, por ejemplo. Este trabajo lleva tiempo funcionando en países como Australia, donde se enmarca en el trabajo sexual; Suiza, donde ya está legalizado como trabajo; y Bélgica, Holanda y Dinamarca, que se encuentra en una alegalidad consentida (García-Santesmases, A., y de Castro Ferreira, CB., 2016).

 

bstad Pixabay
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La European Platform Sexual Assistance define la asistencia sexual como el apoyo a adultos con discapacidad en todo el espectro de su sexualidad. Podría ser para ayudarlos a aprender y mejorar sus habilidades cuando se trata de relaciones interpersonales, intimidad y relaciones íntimas y/o sexuales. En España llega este concepto tras el estreno del documental Yes, we fuck! que visibiliza la problemática relacionada con la sexualidad de las personas con diversidad funcional. Además, diferentes asociaciones empiezan a surgir, entre ellas Tandem Team (2013) ofreciendo formación y asistencia tanto a familias como a profesionales.

Existe actualmente una dicotomía en la consideración de la figura del asistente sexual, por un lado, aquellos que consideran que la asistencia sexual es prostitución; y, por otro lado, aquellos que la enmarcarían dentro de un tipo de terapia. El debate nace de las diferencias que surgen al interpretar las necesidades de las personas con diversidad funcional y la solución que se le está dando. Un artículo que revisa las diferentes controversias sobre la asistencia sexual entrevistó a asistentes sexuales, prostitutas, personas que han recibido los servicios de asistencia sexual y personas relacionadas con las organizaciones relacionadas con la asistencia (García-Santesmases, A., y de Castro Ferreira, CB., 2016).

En primer lugar, el mensaje común que transmitieron las dos prostitutas entrevistadas fue “este trabajo lo hemos hecho siempre las putas”. Aquello que se está intentando conceptualizar como un nuevo trabajo, lleva años haciéndose y nunca se le ha puesto nombre. Se considera que “aunque se trata de sexo por dinero, no puede ser categorizado como tal”.

En segundo lugar, dentro de aquellas personas que la enmarcarían dentro de una terapia, se encuentran las que son partidarias de que se produzca relación sexual entre asistente y asistido/a y, las que abogan por promover una auto-erótica de la persona con diversidad funcional que no implique al cuerpo del asistente.

Y es que al final, los y las partidarias de las relaciones sexuales, reducen la sexualidad al coito, cuando existen múltiples formas de satisfacer las necesidades sexuales propias sin necesidad de aprovecharse de la situación crítica o de vulnerabilidad de otra persona. Porque ¿hasta qué punto es un derecho?  Se habló de Derechos Sexuales en el Congreso Mundial de Sexología den Valencia (1997) haciendo hincapié en el Derecho al Placer Sexual, legitimando el placer erótico, dentro del cual se encuentra el autoerotismo, como fuente de bienestar físico, cognitivo y emocional. Derecho que también les pertenece a las personas con discapacidad pero, que deja de ser un derecho en el momento en el que le coarta o vulnera la libertad a otra persona, donde no hablaríamos de derechos sino de: opresión de sus derechos. Si se considera el autoerotismo y atender, educar y prestar apoyos a las personas con discapacidad un derecho que les pertenece ¿por qué no dejamos de reducir la asistencia sexual a relaciones sexuales? Cuando podrían considerarse otro tipo de atención y apoyo que se encuentren dentro de un marco de legitimidad y dignidad humana que fomentara el “auto” conocimiento de la sexualidad para llegar a un “auto” erotismo.

Cabe destacar que los proyectos en los que se defiende la figura de la asistente sexual (por ejemplo, White Hands) surgen como iniciativas de los hombres, posicionándose como sujetos sexuales que deben ser satisfechos. Esta situación solo favorece aun más la desigualdad que se comentaba anteriormente que, corre el riesgo de que la asistencia sexual se convierta en un servicio sexual que mayoritariamente ofrecen mujeres siendo el mayor consumidor el varón heterosexual.

REFERENCIAS

Cobo, R. (2011). Nuevas formas de violencia patriarcal. Hacia una nueva política sexual: las mujeres ante la reacción patriarcal.

De Castro, C. B., & Santesmases, A. G. (2016). Fantasmas y fantasías: controversias sobre la asistencia sexual para personas con diversidad funcional. Pedagogia i Treball Social, 5(1), 3-33.

XIII Congreso Mundial de Sexología (1997). Declaración Universal de los Derechos Sexuales o Declaración de València.  València: Autor.

Organización de Naciones Unidas (1995). Declaración y Plataforma de Acción de Beijing. Declaración política y documentos resultados de Beijing+5. Madrid: Autor.