¿Por qué a los hombres les conviene luchar por la igualdad?

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¿Por qué a los hombres les conviene luchar por la igualdad?

Para empezar a hablar de hombres, hay que hablar de niños; igual que para hablar de igualdad, hay que hablar de educación. ¿Cuántas veces hemos escuchado la expresión “los niños y las niñas son como esponjas”?

Empecemos hablando de la infancia, etapa clave en el desarrollo psicológico y social de las personas. La transmisión de valores, actitudes, comportamientos, códigos morales, etc. llamado proceso de socialización; y el aprendizaje se extienden a lo largo de toda nuestra vida, pero son determinantes en las edades más tempranas. Las niñas y los niños, a través de la observación y el juego, van aprendiendo a identificar cuál es su lugar en el mundo. La observación se convierte en su herramienta más potente a la hora de interiorizar conductas, esquemas, roles, etc. Se trata de un proceso de absorción de conocimientos extraídos del mundo que les rodea, que va desde cómo se les habla y se les trata; hasta cómo se les viste y adónde se les lleva. Estos mensajes, algunos simbólicos, otros verbales y otros no verbales (forma de comunicarnos) les sirven para elaborar una visión global del mundo, de cómo han de ser y comportarse. Y recordemos que los niños y las niñas son como esponjas, lo cual es crucial (para bien y para mal) puesto que se encuentran en proceso de construcción de sus identidades, tanto sexuales como de género (Espinar, 2009). Y claro, lo perjudicial en la construcción del género es que chicos y chicas reciban mensajes simbólicos, verbales y no verbales diferentes, es decir, que sufran una socialización diferencial.

Ahora, recién pasados los últimos festivos navideños, esto se puede ver de forma muy sencilla. ¿Cuántos de nosotros y nosotras nos hemos decantado alguna vez por comprarle una muñeca a una niña y un coche de carreras a un niño? O ¿cuántas veces le hemos regalado a un futuro bebé niño un pijama azul y a una bebé niña un pijama rosa? ¿Y el lego, a quién se suele regalar? ¿Las Bratz? ¿Ropa de moda? ¿Videojuegos? Por ello, es momento de analizar y darnos cuenta de cómo estos distintivos pueden afectar en el desarrollo de futuras generaciones.

Un experimento realizado en Reino Unido titulado “La mente en pañales” (2002) grabó cómo interactuaban diferentes personas con un bebé vestido con un pijama rosa y con uno azul. Pues bien, no solo se observaron diferencias en el contenido de las frases sino en el tono empleado. A la bebé niña se le decían frases como “estoy segura de que vas a ser muy guapa”, “que niña tan preciosa y buena” o “seguro que acabas siendo actriz porque eres preciosa”, y se la acunaba y acariciaba más. Sin embargo, al bebé niño, se le hacían movimientos más bruscos, se le ponía de pie y recibía expresiones como “pero qué fuerte estás”, “qué grande eres” o “vas a ser un luchador con esas manitas y ese cuerpo tan fuerte”.

Estas diferencias también se ven reflejadas en determinadas investigaciones (López, 2003) donde se observa que, tendemos a establecer más contacto corporal con las niñas, ellas reciben más manifestaciones de afecto y protección, se les sonríe más, se les permite más llorar que a los niños, sufren menos castigos corporales, etc. Por otro lado, a los niños se les impide en mayor medida la expresión emocional, se les habla con tonos más fuertes, reciben mayores valoraciones a sus logros, se les permite, en mayor medida que a las niñas, conductas agresivas, así como participar en juegos violentos, etc. Es decir, a las niñas se les educa en la emocionalidad, el cuidado y la belleza; y a los niños en la fortaleza, el éxito y la racionalidad.

Todas estas conductas directas que tenemos hacia ellas y ellos van acompañadas de las interacciones que perciben en los adultos que tienen en su entorno, de los juguetes con los que juegan, de las series o películas que ven, de la educación que reciben en la escuela, y es todo ello lo que contribuye a la formación de sus creencias sobre las expectativas que el mundo tiene de ellas y de ellos.

¿Qué repercusión tiene la socialización diferencial en la salud de las mujeres?

Como ya hemos visto, las niñas desde que nacen son educadas en la emocionalidad, el cuidado de otras personas, la belleza, pero esto no solo tiene repercusión en el ámbito académico o laboral, sino también en el sanitario. Las mujeres presentan mayores índices de malestar psicológico que, posteriormente, puede asociarse a mayores índices de depresión, trastornos de ansiedad, o fobias (Benlloch, 2003). Esto puede deberse a la gran cantidad de demandas y obligaciones que asumen, ya que los roles que atienden (trabajo, hogar, hijos e hijas…) pueden acarrear mayores niveles de estrés, mayores exigencias personales y menor autoestima, así como un sentimiento de culpa o vergüenza por no cumplir con los estereotipos (Denton, Prus y Walters, 2004).

Pero ¿y a los hombres cómo les afecta? ¿Realmente tiene consecuencias en su salud?

Definitivamente sí, pero no se habla de ellas. Como ya se ha comentado previamente, a los niños también se les asumen ciertos comportamientos desde que nacen, y se les hace saber a través de expresiones como “los niños no lloran”, “los niños no juegan con muñecas”, etc. Se les cohíbe emocionalmente; y se les empuja al riesgo, al atrevimiento y a la fortaleza.

Se pueden empezar a observar consecuencias ya desde edades tempranas, en las que los niños se ven envueltos en más problemas de conducta que las niñas (Espinar, 2009). En la adolescencia se inician pronto en conductas de riesgo como fumar y beber, y se adhieren a menos pautas saludables en alimentación (Cracium y Montgomery, 2016). Conforme avanzan en edad, estas conductas de riesgo provocan que tengan mayores probabilidades de sufrir un accidente de tráfico, así como una mayor probabilidad de morir en reyertas con otros jóvenes, siendo esta la segunda causa de muerte en chicos entre 15 y 19 años a nivel mundial (WHO [OMS], 2014). La realidad es que las conductas de riesgo definen la masculinidad tradicional, y esto es una cuestión que debemos cambiar por el bien de nuestros hijos.

En la etapa adulta, los hombres presentan mayores tasas de suicidio que las mujeres (Southworth, 2016). El cumplimiento de estereotipos asociados a estos, como la independencia, la fuerza y el estoicismo provocan que, ante situaciones de enfermedad y/o estresantes, no soliciten asistencia sanitaria profesional o apoyo en su círculo social cercano. Esto es algo en lo que difieren a las mujeres que, aunque tengan menores niveles de autoestima y control percibido, cuentan con mayor apoyo social (Denton, Prus y Walters, 2004), que influye directamente en etapas como la vejez, en la que aquellos hombres que enviudan tienden a un mayor descuido personal y del hogar, y una mayor dependencia de sus hijos e hijas (Mohedano, 2012).

Por todo ello, podemos afirmar que los hombres también son parte de la lucha por la igualdad, no es solo cosa de las mujeres. Este cambio por y para la consecución de la igualdad real empieza en la educación que le damos a nuestros hijos y nuestras hijas, alumnos y alumnas, conocidos y conocidas, desde el primer momento de vida y de inicio escolar. Debemos intentar incorporar aquellos rasgos positivos de la masculinidad y de la feminidad para conseguir vivir en una sociedad libre de discriminaciones donde el género no condicione nuestra salud. En países como Holanda ya se están llevando a cabo campañas con el objetivo de retar a los niños adolescentes a explorar cómo las normas sociales sobre masculinidad afectan sus vidas y qué conflictos pueden experimentar por la presión social. Entre ellas, Beat the Macho (Cense, de Blécourt y Oostrik, 2016) que oferta un buen ejemplo de cómo las normas asociadas a la masculinidad pueden ser deconstruidas e informa sobre intervenciones en conductas de salud.

Estos son sólo algunos ejemplos de cómo el género afecta a los diferentes ámbitos de la vida de los niños y las niñas, y cómo determina, en muchas ocasiones, su desarrollo posterior y su condición futura como hombres y mujeres adultos. La importancia que el género puede tener en el estado de salud de las personas lleva a resaltar la necesidad de implementar medidas con perspectiva de género en las diferentes áreas de convivencia, con el único fin de frenar los efectos perjudiciales que la adhesión a pautas estereotipadas puede conllevar.

Sin embargo, es importante destacar que la solución para esta problemática no sólo radica en grandes campañas publicitarias, o en las medidas implementadas en escuelas, ayuntamientos, etc. La solución también se encuentra en las pequeñas acciones y cambios que nosotras y nosotros podemos implementar en nuestro círculo familiar y social más cercano con el fin de construir una sociedad más igualitaria, alejada de los estereotipos y mandatos asociados al género. Ahora bien, implica leer y/o formarse en género para ser conscientes de nuestras propias influencias y corregirlas.

 

Barrington, Crisp, Rota, TLC Video, Discovery Channel (2002). A child’s world. [Archivo de vídeo] Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=Tf4pBebDqkQ

Benlloch (2003). Los efectos de las asimetrías de género en la salud de las mujeres. Anuario de psicología/The UB Journal of psychology34(2), 253-266.

Cense, de Blécourt y Oostrik (2016). Activating boys to reflect on masculinity norms: the Dutch campaign Beat the Macho. The European Health Psychologist, 18(1), 13-17.

Craciun y Montgomery (2016). Men’s health: Exploring vulnerabilities and maximizing opportunities. European Health Psychologist18(1), 3-6.

Denton, Prus, y Walters. (2004). Gender differences in health: a Canadian study of the psychosocial, structural and behavioural determinants of health. Social science & medicine58(12), 2585-2600.

Espinar (2009). Infancia y socialización: estereotipos de género. Revista Padres y Maestros/Journal of Parents and Teachers, (326), 17-21.

López (2003). Coeducar para la conciliación de la vida familiar y laboral. Manual didáctico para el profesorado infantil (3-6 años). Coslada: Ayuntamiento de Coslada. Pág. 16.

Mohedano (2012) El éxito en el enfrentamiento de los procesos de envejecimiento: una aproximación comprensiva desde el análisis descriptivo de sus circunstancias (tesis doctoral) Universidad de Alicante, Alicante.

Southworth (2016). Hegemonic masculinity and suicide: A review of the literature. The European Health Psychologist, 18(1), 7-12.

World Health Organization (2014). Preventing Suicide: A Global Imperative.

Imagen de Szilvia Basso recuperada de Unsplash.